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19 Marzo 2010

ETA: UNA BANDA DE ASESINOS. IDEOLOGÍA: EL ODIO

POR SIBYLLA

 

El retrato tipo del terrorista de ETA, es el de un treintañero vasco, nacido después de la Dictadura, o sin uso de razón en la misma, "educado" en una ikastola, en el odio a España, a todo lo español y "entrenado" en el terrorismo callejero, antes de debutar en tareas más altas.

 

 

 

 

 

Cuando hablamos de terrorismo nos detenemos en la escalofriante cifra de muertos y heridos que han regado de lágrimas y sangre el pasado de la historia de España. Detrás de cada atentado había un perfil psicológico que ha ido modificándose a lo largo de este proceso destructivo y que pone en evidencia tanto su propio fracaso como su amargo resultado.

¿Quiénes son, pues, los terroristas? ¿Cuáles son sus rasgos demográficos básicos? ¿De qué ámbitos geográficos y entornos culturales proceden?

 

 

En primer lugar, hablar de etarras es hacerlo de jóvenes varones y solteros. Que nueve de cada diez militantes de ETA hayan sido y sean varones refleja, también en este ámbito del activismo político agresivo, la impronta de una subcultura dentro de la cual prevalecen valores y conductas marcadamente patriarcales. Es incluso habitual entre las mujeres que se convirtieron en miembros de la organización terrorista, el haberlo hecho a petición expresa de sus novios o, en menor medida, de familiares muy cercanos.

El estado civil típico de los etarras, la soltería, es indicativo de las obvias dificultades que entraña hacer compatible la arriesgada vida ilegal en clandestinidad y los compromisos adultos de carácter familiar.

 

 

Entre quienes se han incorporado a ETA a lo largo de su historia predominan los jóvenes de origen guipuzcoano.

Durante los años setenta, sin embargo, siete de cada diez terroristas procedían de localidades pequeñas y medianas, mientras que en la actualidad el sesenta por ciento de ellos ha nacido en áreas urbanas y metropolitanas, donde menor es la vigencia de los atributos primordiales más íntimamente relacionados con la cultura vasca tradicional. De hecho, los miembros de ETA reclutados en los últimos quince años provienen en su mayoría de un entorno lingüístico donde menos del diez por ciento de la población se expresa correctamente en euskera.

 

 

 Si antes eran diez de cada diez los etarras que disponían de ambos apellidos autóctonos, entre los captados desde la segunda mitad de los años ochenta se han invertido los datos, de manera que aproximadamente el sesenta por ciento carece ahora de apellidos autóctonos o tiene solamente uno. Algunos de estos etarras, hijos de inmigrantes pero residentes en zonas donde la implantación del nacionalismo vasco radical es intensa, se vieron acuciados durante su adolescencia por afirmar una fuerte identidad colectiva en la que reconocerse a sí mismos y ser reconocidos por los demás.

Mientras que la mitad de quienes se incorporaron a la organización terrorista entre el inicio de los años setenta y el comienzo de la transición democrática eran obreros especializados de la industria y los servicios, éstos apenas constituyen un dieciséis por ciento de los militantes que han sido reclutados desde el inicio de los años ochenta. Los etarras extraídos de las clases trabajadoras han ido perdiendo peso en favor de quienes provienen de las nuevas clases medias. En cambio, si en aquel primer período el porcentaje de estudiantes constatable entre los terroristas recién incorporados era del cinco por ciento, el subgrupo correspondiente a dicha categoría ocupacional constituye ahora el grueso de las captaciones registradas durante esta última fase, alcanzando al treinta y tres por ciento del total.

 

 

Un problema psiquiátrico es el que existe en el País Vasco. Un minuto después de que un criminal le pegue un tiro en la nuca a una persona que pasea indefensa por el centro de su pueblo, otro criminal, más cobarde aún que el anterior, llama por teléfono a la viuda y dice que el asesinado es un «hijo puta». No es la primera vez ni será la última. Las paredes del país Vasco tienen aún costurones de pintadas en las que se dice «jódete»; al muerto recién asesinado, o «devuélvenos la bala»; o «paga y calla»; al secuestrado, y no hace falta irse muy lejos en el tiempo para recordar las tres ocasiones en las que la tumba de Gregorio Ordóñez fue profanada por los amigos de quienes les mataron, no ha sido el único caso. Es como si con una muerte por asesinado no tuvieran suficiente, como si quisieran asesinar dos o tres veces a cada víctima, como si quisieran saciarse con toneladas de dolor por cada muerto. Yonkis de la muerte y del dolor ajeno.

ETA, en los años de la dictadura de Franco, no actuaba de la misma forma que en los últimos años. ETA, en la actualidad, cumple con la definición anteriormente dada del terrorismo.

 

 ETA ejerce el terror para lograr unos objetivos. Ese terror está dirigido directamente a una buena parte de la población del Estado español con amenazas directas, asesinatos y atentados, e indirectamente con el terror de los atentados con efecto indiscriminado. Que no toda la población es considerada objetivo directo del grupo terrorista no significa que sean menos terroristas que otros grupos que atentan de forma completamente indiscriminada. Como tampoco el objetivo justifica en mayor o menor medida su actuación.

ARGUMENTACIONES


 

 La primera condición es la necesidad de que la persona se sienta profundamente relacionada con una situación de gran injusticia, con una causa por la cual vale la pena luchar. La injusticia que se invoca es doble: se vive o se ha vivido en el País Vasco bajo la represión del estado español, y se le niega el derecho a la autodeterminación.

 

Segundo, hace falta que se demuestre que no existen otras formas de lucha posibles o válidas. La principal argumentación en este caso es el no-reconocimiento de su reclamado derecho a la autodeterminación y la criminalización de aquellas personas y grupos que quieren lograr el mismo objetivo que ETA, pero por vías legales y democráticas. Y por último, que el objetivo puede ser relacionado con los responsables de la injusticia. Es el punto en el cual ETA ha encontrado mayor dificultad. Cada actuación en la cual la relación del objetivo con los responsables de la injusticia era difícilmente justificable (dentro de su lógica), siempre ha causado crisis internas, con la salida de miembros y la perdida de apoyo como consecuencia.

 

 

Existen tres tipos de etarras. El primero es el inmaduro emocional, que está controlado por el líder. El líder siempre es el más peligroso. El más peligroso de todos es Arzalluz, por ejemplo. El segundo tipo es el fanático, que no cuestiona nunca sus ideas. Un hombre inteligente tiene que cuestionarse lo que piensa y en lo que cree de vez en cuando. El último es el asesino a sueldo. Todos los terrorismos empiezan con un movimiento político y terminan como uno mafioso.

 

 

 

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Agencia Web

Agencia Web dijo

Pienso que es una temática de gran interés social y aportar con un comentario o apoyando la moción es aportar con un grano de arena, buen blog.

Saludos.

13 Marzo 2011 | 08:26 AM

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