II PARTE: EL PAPA DETRÁS DE LA APLICACIÓN DE UN DECRETO, QUE PROTEGE A LOS CURAS PEDÓFILOS Y DESPRECIA A LAS VÍCTIMAS DE ABUSO
POR HEREJE

Joseph Ratzinger nació en Baviera (Alemania) el 16 de abril de 1927. A los 13 años, por decisión propia, se afilió a las juventudes hitlerianas, hecho irrelevante en su carrera al purpurado, pero que cobra fuerza a los efectos de su transfiguración en Papa. Hoy, para redimirlo, se argumenta su deserción en medio de la batalla. Nada nos dice si tal acto supuso el abandono de la ideología nazi.

El documento "Crimen Sollicitationis" declarado secreto por el Vaticano, se repartió a todos los obispos. Incluso en 2001, el Inquisidor mayor de la Iglesia en ese momento, Ratzinger, reforzó la validez de este documento con otro que firma el mismo "De Delictis Gravioribus". Los obispos han seguido a rajatabla las instrucciones encubriendo a los delincuentes, arruinando sus diócesis económica y moralmente como hizo Bernard Law, arzobispo de Boston, "dimitido" en 2002 por ocultar a sus fieles que había destinado a diversas parroquias a los curas pederastas. En España, Roucco Varela, por lo mismo, ha sido "premiado" a dirigir el clero español.
El 18 de agosto de 2003 el diario británico The Observer acusó a la Iglesia católica y al Vaticano de ordenar a los obispos guardar silencio y mantener en secreto los casos de abusos sexuales a menores a través de un documento oficial conocido, por su nombre en latín, Crimen Sollicitationis.
El documento secreto del Vaticano fue elaborado por el Santo Oficio (hoy la Congregación para la Doctrina de la fe) en 1962, y contiene una serie de instrucciones para los obispos sobre como manejar los casos del "peor crimen". Es decir, los casos en que los sacerdotes se ven envueltos en relaciones sexuales con animales, personas o niños. Y en los que utilizan las confesiones para obtener favores sexuales de los fieles.
Crimen Sollicitationis llama a manejar en secreto dichos casos y el secreto se extiende al mismo documento. El castigo por la violación del secreto incluye la excomunión, la que solo puede ser retirada por el mismo Papa. Tal vez esto explica la negación de la existencia de dicho documento por parte de algunos obispos. Crimen Sollicitationis salio a la luz en el contexto del escándalo de la denuncia de los miles de casos de abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes católicos en Estados Unidos.
Abogados estadounidenses involucrados en diversos casos sobre pedofilia eclesial dijeron que dicho documento era una evidencia de la política de obstrucción a la justicia practicada de forma oficial y como política de estado por el Vaticano. En respuesta, la Iglesia católica arguyo que la política de secretismo no incluía ocultar los crímenes de pedofilia cometidos por sacerdotes.

Un fiscal narra como la iglesia le puso trabas continuas durante la investigación. Explica que el procedimiento habitual de los obispos es remitir todas las pruebas condenatorias al nuncio del país (embajador del Vaticano, con inmunidad diplomática y no investigable), y de esta forma hacer desaparecer los datos importantes.

Este fiscal consiguió pruebas que condenaron a ocho sacerdotes y logró una declaración por escrito de un obispo, que confirmaba que tenían órdenes de proteger a la Iglesia y esconder las pruebas, lo cual significó que los pederastas siguieron abusando de niños.

Hoy en día se ha perdido la pista a algunos sacerdotes que huyeron al Vaticano para no ser juzgados en América, y fueron acogidos hasta que era inevitable la extradición.

Las diócesis condenadas han debido pagar sumas enormes de dinero en compensación, lo que ha hecho bajar las donaciones a la Iglesia Católica en América.

Las donaciones a la Iglesia, sirven para sufragar, aparte de viajes en primera clase y los fastos de la jerarquía católica, para pagar las costas de los juicios contra los sacerdotes acusados por pederastia, los de los curas violadores de monjas , los de los curas genocidas, y para mantener misiones asistenciales en África, Asia, Latinoamérica, donde se predica que no hay que usar el condón, que hay que tener todos los hijos que Dios quiera enviar, y la sumisión y el silencio ante los abusos, bajo amenaza de excomunión.

Crimen Sollicitationis fue también reproducido por el diario estadounidense Worcester Telegram & Gazette, que obtuvo una copia en 2003. El documento en cuestión se mantuvo por 40 años custodiado en secreto y catalogado como "extremadamente confidencial" en los archivos secretos de la Santa Sede. Daniel Shea, abogado estadounidense y exseminarista lo descubrió y lo dio a conocer a la opinión pública de Estados Unidos. El documento, explicó Shea, fue citado como todavía en vigor, en una epístola del entonces cardenal Joseph Ratzinger titulada: "De Delictis Gravioribus" del 18 de mayo de 2001.

Con dicha fecha el cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI envió la epístola "Delictis Gravioribus" ("Normas de delitos mas graves") a los obispos de toda la Iglesia católica y otros ordinarios y superiores, anunciándoles que actos "mas graves quedaban reservados" al único juicio de su congregación. Añadía que la instrucción Crimen sollicitationis "en vigor, promulgada por la Suprema Sagrada Congregacion del Santo Oficio el 16 de marzo de 1962, debía ser reconocida por los nuevos Códigos canónicos".

Las jerarquías del Estado Vaticano se defendieron afirmando que las normas contenidas en el documento de 1962 no tienen ningún valor vinculante después de la entrada en vigor de las disposiciones que en 1983 reformaron el Código de Derecho Canónico. Sin embargo, en la epístola de Ratzinger de 2001, como ya dijimos, no hay dudas sobre la vigencia del documento Crimen Sollicitationis.
La justicia estadounidense persistió en las pesquisas y en enero de 2005, en la Corte del distrito de Harris County (Texas) el entonces cardenal y hoy Papa Benedicto XVI fue acusado de obstrucción de la justicia. La epístola fue incluida en la demanda presentada a principios de 2005 contra la Iglesia Católica de Texas y contra Ratzinger por los abusos sexuales cometidos a tres menores por Juan Carlos Patino Arango, un seminarista de origen colombiano asignado a la iglesia San Francisco de Sales, de Houston. Patino Arango fue acusado de haber abusado sexualmente de ellos durante sesiones de "orientación psicopedagógica" en la iglesia, a mediados de los noventa.
Según abogados de las victimas, el cardenal Ratzinger "conspiró para obstruir la acción de la justicia". El padre John Beal, catedrático de Derecho Canónico de la Catholic University of America, en declaración oral jurada, el 8 de abril de 2005, reconoció ante Daniel Shea que la carta ampliaba la jurisdicción y el control de la Iglesia Católica sobre delitos de abusos sexuales. La carta de Ratzinger estaba co-firmada por Tarsicio Bertone (hoy flamante Secretario de Estado del Vaticano), quien, en una entrevista de hace tres años, ya aludió a la oposición de la Iglesia Católica a permitir que organismos ajenos a ella pudieran investigar las denuncias de abusos sexuales cometidos por curas. "En mi opinión, no tiene fundamento la exigencia de que un obispo este obligado a contactar con la policía para denunciar a un sacerdote que ha admitido ser culpable de pedofilia" dijo Bertone en ese entonces - vaya "joya" de sinvergüenza -. Posteriormente el gobierno de Estados Unidos ordeno al tribunal de Texas que el Papa Benedicto XVI debía recibir inmunidad en la demanda sobre Patino Arango. El subsecretario de Justicia de Estados Unidos, Meter Keisler, dijo que como Jefe de Estado del Vaticano, Benedicto XVI goza de inmunidad. Y señaló que permitir que continúe la demanda sería "incompatible con los intereses de política exterior de Estados Unidos".

La Corte Suprema de Justicia afirmo por su parte que los tribunales de Estados Unidos están obligados a acatar esas "sugerencias de inmunidad". De tal manera, la elección de Ratzinger como Papa lo salvó de enfrentarse a la justicia estadounidense o tener que esconderse tras lo muros del Vaticano de una orden de captura de la INTERPOL. Otra demanda presentada en 1994 contra el anterior Papa Juan Pablo II, también en Texas, fue desechada después de que el gobierno de Estados Unidos presentara una moción similar.
Trascendió que la embajada de la Santa Sede en Washington había pedido al gobierno de Estados Unidos que emitiera su sugerencia de inmunidad, e hiciera todo lo posible para que el caso fuese desestimado. Patino Arango es hoy un prófugo de la justicia.
Benedicto XVI se emplea a fondo desde hace años en rebatir el "laicismo", que identifica con la pérdida de las raíces culturales europeas, y el "relativismo totalitario", identificado con un "todo vale" basado en las necesidades y los apetitos de cada momento. Benedicto XVI no describe nunca un futuro mejor y, en cambio, apunta a los desastres que nos esperan si Occidente no abraza su versión del cristianismo.
Ratzinger es un defensor apasionado de la "identidad occidental", para él ligada de forma indisoluble con la religión cristiana, y como otros pensadores pesimistas, invoca la vigencia del viejo lema conservador "Dios, patria y familia"; basta sustituir "patria" por "identidad occidental" para resumir su esquema ideológico. El discurso Verdad del cristianismo, pronunciado en 1999 en la Sorbona de París, ofrece una muestra del pensamiento ratzingeriano. Apela a san Agustín, uno de sus pensadores favoritos, para argumentar que "en el cristianismo, la racionalidad se convirtió en religión", y vincula el humanismo ateniense con el cristianismo.

Fueron la ilustración, el darwinismo (con el que Ratzinger es incapaz de reconciliarse) y las "ideologías materialistas" las que truncaron la supuesta armonía entre cristianismo y humanismo. El Papa, en su denuncia de la ilustración y el materialismo, sólo ofrece una retahíla de los males sufridos por la humanidad en los últimos tres siglos, cuya conclusión viene a consistir en que el materialismo es perjudicial.
En Auschwitz, Benedicto XVI pronunció un discurso en el que destacaba una frase espectacular: "¿Dónde estaba Dios en aquellos días? ¿Por qué calló? ¿Cómo pudo tolerar este exceso de destrucción, este triunfo del mal?". Algunos vaticanistas, como Marco Politi, de La Repubblica, lamentaron que a esa pregunta terrible no siguiera otra igualmente terrible: ¿Dónde estaba la Iglesia en aquellos días? ¿Por qué calló?
Encubridor de pederastas, neoescolástico, autoritario y presumido, Ratzinger, alias Benedicto XVI, proclamó públicamente en Camerún que el SIDA "no se puede superar con la distribución de preservativos", que, por el contrario, "aumenta el problema". Tras esta declaración, calificada de irresponsable e incluso de criminal en Europa, el "Papa" pidió a la Iglesia Católica, en la segunda jornada de su visita a Angola, que combatiera la brujería. "Muchos de ustedes viven con el miedo de los espíritus, de poderes nefastos que los amenazan, desorientados, y llegan a condenar a niños de la calle y hasta ancianos", afirmó.




teodoro-gallo dijo
Terriblemente cierto, lo mas tremento son esos 200 niños d elos que han abusado siendo inválidos ¡cuanto sufrimiento debieron tener en su mundo de silencio!
25 Marzo 2010 | 12:28 PM