POR DRYA

 

 

 

El corazón industrial de Estados Unidos y símbolo de su grandeza, está agonizando.La historia de Detroit (Michigan), la que fue capital mundial del automóvil y de la discográfica Motown, ha dado un giro de 360 grados. La crisis global ha perjudicado profundamente la economía de esta ciudad estadounidense que ya se encontraba "tocada". El sueño americano se esfumó para muchos.

Tal es así, que hoy en día, un simple paseo por sus calles podría convertirse en una experiencia prácticamente surrealista.

Un paisaje urbano desolador

Más de 32.000 casas se encuentran abandonadas, expuestas a la delincuencia y a los robos. Incluso se ha revivido una tradición ya olvidada que terminó a principios de los noventa y que consistía en la quema de casas durante la Noche del Diablo, la vigilia de Halloween.

Para evitar el vandalismo, las autoridades han tenido que tomar la medida de demoler algunas casas. El paisaje urbano es verdaderamente desolador, ninguna ciudad de Estados Unidos sabe lo que es una bomba, pero el resultado del abandono de la ciudad de Detroit es lo más parecido a una guerra.

De la plenitud a la decadencia

Detroit fue la cuna del automóvil, vivió años de esplendor y plenitud pero la crisis mundial fue el comienzo de la decadencia de la ciudad. Atrás quedaron los maravillosos beneficios sociales que las empresas ofrecían a sus ciudadanos, que se instalaban en ella con la esperanza de vivir el "sueño americano".

Detroit lleva años combatiendo uno de los niveles de crimen más altos de Estados Unidos (incluyendo una tasa de homicidios, 43 por cada 100 mil habitantes, que es ocho veces mayor que la norma urbana nacional), compaginado con una tasa de desempleo que sólo es superada por Nueva Orleáns.
 

 Tanto Ford y General Motors, que dirigían sus prósperos imperios desde la Ciudad del Motor o Motown, buscan nuevas estrategias para no desangrarse más. Y algo parecido le pasa a su sede: el gobierno municipal está en crisis.

 

El ayuntamiento de Detroit, que hace lo posible para no declararse en bancarrota, ha anunciado enormes recortes en servicios, reducción de cientos de empleos, el cierre de nueve centros de recreación y las reducciones del transporte municipal.

 

La Facultad de Urbanismo de la Universidad de Michigan proclama que Detroit es el principal ejemplo de la decadencia urbana de Estados Unidos, un declive tan agudo que causó la emigración masiva de más de un millón de personas y el abandono de por lo menos 32 mil casas y centenares de edificios.

 

La historia de cómo esta esplendorosa y magna urbe de más de dos millones cayó en un ciclo de decrepitud es clásica: a principios de los años 50, los suburbios de la ciudad ofrecían numerosos alicientes para empresas y vivienda cómoda y relativamente barata. La población blanca de la ciudad no tardó en salir.

 

La población negra de Detroit (casi el 88 por ciento), cuenta amargamente otra historia. Entre poco poder adquisitivo y un sistema de préstamos que en ese entonces discriminaba abiertamente, muchos se quedaron atrapados en una ciudad que casi de repente perdió su base contribuyente más próspera.

 

Las cifras demográficas cuentan el resto: en 1950, más del 80 por ciento de la población de Detroit era blanca, actualmente más del 80 por ciento es negra.

 

Los resultados no se dejaron esperar, una reducción de servicios municipales, causada por menores recaudaciones tributarias. Poco a poco joyas arquitectónicas como el Teatro Michigan, La Torre Broderick y otros en las zonas de Woodward y Grand Circus Park fueron cayendo en desuso o ante el derrumbe por abandono.

 

Aunque varios esfuerzos intentaron rescatar el centro de la ciudad a finales de los años 1970 (en 1977 General Motors ocupó gran parte del Rennaisance Center, un espacio de oficinas nuevo de 5.5 millones de pies cuadrados), la ciudad pronto tocó fondo. En 1991, se cometieron nada menos que 615 homicidios en la ciudad, que ganó a capa y espada el título de la más peligrosa de Estados Unidos.

 

La población de Detroit se ha desinflado como un globo. A principios de los años 50 dos millones de personas residían en la ciudad. Un cálculo de la Oficina del Censo señala que actualmente viven menos de 840 mil, de los cuales una tercera parte viven en la pobreza (ingresan menos de 9,800 dólares al año).